Jornada CAA “Las consecuencias de ser los primeros nativos digitales”

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Ante el móvil, ¿control o prohibición?. Pantallas, ¿dentro o fuera del aula?. La atención nos ha sido robada. Estas y otras reflexiones sirvieron el debate en la jornada del CAA dedicada a analizar “Las consecuencias de ser los primeros nativos digitales”.

Organizadas por iniciativa del Consejo Audiovisual de Andalucía, el presidente, Domi del Postigo, expuso en su discurso de inauguración los motivos que han llevado al regulador institucional andaluz a convocar a un nutrido grupo de profesionales y expertos, que analicen la preocupación presente en nuestros días por la sobreexposición a las pantallas que están padeciendo los menores. Junto a él, Jesús Aguirre, presidente del Parlamento de Andalucía, abrió de nuevo las puertas de la Cámara andaluza, para la celebración de la jornada.

 

Pandemia de miopía

El acceso a edades cada vez más tempranas y la sobreexposición a las pantallas ya están provocando serios problemas en niños y adolescentes. La pediatra María Salmerón, que pertenece al Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría, alertó acerca del sedentarismo al que se someten los menores durante las horas en las que tienen un dispositivo digital entre sus manos. Este mal hábito les acerca a un mayor riesgo de obesidad y les provoca transtornos en el sueño, depresión, ansiedad o hiperactividad. Apoyada en los casos a los que se enfrenta en su consulta, expuso varias de las consecuencias que están provocando alteraciones en el desarrollo neurológico de los menores, en el área del lenguaje y su autocontrol, y que afecta tanto al coeficiente intelectual, como a su capacidad de atención. Destacó una cifra que causó un alto impacto entre los asistentes: el consumo medio de pantallas en niños menores de 2 años es de 70 minutos al día.

Por su parte, Alejandro Villena, psicólogo e investigador de la Asociación Dale Una Vuelta, compartió unos datos referentes en su mayoría al consumo de pornografía por parte de los menores y jóvenes. Por citar algunos, nueve de cada diez universitarios creen que el porno es fiel a la realidad, lo están utilizando como fuente de aprendizaje, demostrándose que un joven consumidor de porno normaliza comportamientos y acciones irrespetuosas y vejatorias. En cuanto a las chicas, se multiplica por cuatro las probabilidades de ser victimas de agresiones sexuales. De ahí que Villena concluyera su intervención diciendo que “no hay consumo de porno sin consecuencias. La pornografía es la gasolina que alimenta el fuego de las agresiones sexuales”. Continuando con el enfoque de la salud, la oftalmóloga y vicepresidenta de la Sociedad Española de OftalmoPediatría, Julia Escudero, nos abrió los ojos ante la realidad, ante lo que está pasando. Miopía progresiva, estrabismo agudo, ojo seco, orzuelos, blefaritis, cefaleas, son sólo algunos de los problemas visuales derivados del mal uso de las pantallas.  Siendo hasta ahora patologías frecuentes en adultos, en la actualidad se están viendo en niños. “Existe una clara relación entre el aumento exagerado de la miopía y el tiempo de exposición a las pantallas, así como la distancia a la que las ven”, explicó la doctora Escudero. Debido al elevado número de casos y la velocidad a la que están ocurriendo, puede hablarse de una pandemia de miopía, problema que ella misma sostiene que tendría una clara solución, realizando algo tan sencillo como asegurar que el niño pasa dos horas al día al aire libre, recibiendo la luz solar.

Las familias inteligentes dan teléfonos tontos a sus hijos

Actualmente, Internet ha transformado la manera en la que la población se comunica, aprende, lee, estudia, se relaciona o se entretiene, impactando, sobre todo, en los más pequeños de la familia. Son muchos los riesgos que se asumen en los contextos familiares y escolares, como son las adicciones, el ciberacoso, la desinformación, el sexting o el sharenting, entre otros. Es por esto que, en lo referente al terreno educativo, escuela y hogar deben ir de la mano. Marina Jiménez, presidenta de la Confederación de Madres y Padres de Andalucía por la Educación Pública, alerta de la escasez de formación en materias digitales que, en muchas ocasiones, presentan tanto el profesorado, que tiene que atender comportamientos difíciles en el aula, como los padres, que se encuentran solos en casa ante unas situaciones completamente novedosas, para las que no contamos con precedentes. Anima a que padres y educadores trabajen de forma conjunta en el acompañamiento y la orientación del menor.

Siguiendo la misma línea, la presidenta de la Confederación Católica Nacional de Padres de Familias y Alumnos (CONCAPA), Mª Luisa Lucena, añadió que “los niños no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo y mucho menos con el manual del uso del móvil y las redes sociales”. Esto nos lleva a pensar la complejidad que encuentran los padres para conseguir en casa un equilibrio entre el uso y el abuso de las pantallas por parte de los jóvenes y adolescentes. Lucena apuesta por diseñar un tratamiento de choque para aquellos padres que han hecho uso de estos dispositivos en la educación y crianza de sus hijos desde que son muy pequeños, para entretenerlos o tranquilizarlos.

Llegados a este punto, el presidente del Consejo Escolar de Andalucía, Manuel Pérez, hizo bastante hincapié en la importancia de la formación del profesorado. Sostuvo que “si el profesor no está formado no puede transmitir conocimiento al alumno”. Por ello, desde la institución pública que preside han puesto en marcha unas sesiones formativas online que han sido visualizadas por unas veinticinco mil personas.

Los principales referentes de los jóvenes actuales ya no son los padres, ni los profesores sino los influencers. Toñi Ramírez, directora de Innovación Docente de la Universidad de Córdoba, compartió ésta y otras conclusiones a las que han llegado, tras el desarrollo de una herramienta de auto diagnóstico para las familias, en las que están investigando en la universidad a la que pertenece. “El 48% de los menores quieren ser youtubers cuando sean mayores. Esto hace que sean muy elevados los índices de narcisismo y egocentrismo, lo que tiene graves consecuencias en su desarrollo interpersonal y social”. La profesora Ramírez defiende la alfabetización mediática como medida que sirva de escudo para defensa ante la presión social en la que viven los jóvenes de nuestros días.

Lo que es delito en el mundo real, lo es también en la vida online

Según la última memoria de la Fiscalía General del Estado, la tendencia a cometer delitos sexuales contra nativos digitales es creciente. Estos y otros datos los presentó el fiscal de Criminalidad Informática, Gabriel González, quien destacó que “los nativos digitales han crecido con las nuevas tecnologías y con estas formas tan distintas de relacionarse, a través de mensajería instantánea y redes sociales, y tienen una forma de pensar diferente a los menores de generaciones pasadas. Son más propensos a ser víctimas, minimizan sus actos y pueden agredir a través de las redes escondiéndose tras el anonimato. Existe un gran exceso de confianza y banalizan los riesgos. Todo esto afecta en el aspecto delictivo”. El fiscal González concluyó diciendo que “no han crecido los delitos de manera desproporcionada, pero sí están trasladándose al mundo virtual”.

El fácil acceso a contenidos audiovisuales inapropiados para menores que ofrece un smartphone (teléfono con acceso libre a Internet) es uno de los principales riesgos que destacó Ángela Sánchez, profesora y promotora de la Iniciativa Legislativa Popular en el Congreso de los Diputados para la prohibición de los teléfonos móviles en las aulas. La profesora Sánchez expuso que “no se le puede presuponer a un menor que tenga el autocontrol y el sentido común suficiente como para desconectarse, tras varias horas de estar mirando el móvil o jugando a videojuegos. Hay quien dice que no se le pueden poner puertas al campo, pero es que el campo tiene precipicios”. Por su parte, Ana Caballero, vicepresidenta de la Asociación Europea para la Transición Digital, alertó de “las connotaciones que tiene el término nativos digitales, puesto que se les presupone que por serlo ya conocen cuáles son las reglas del juego. Los menores pueden conocer cómo utilizar la herramienta, pero desconocen cómo funciona la industria de las grandes tecnológicas. Desconocen  cuáles son sus intereses a pesar de que van más allá de la mera venta de productos. El interés principal recae en querer obtener nuestros datos, para más tarde, con el diseño a conciencia de sus algoritmos, prescribirnos de manera personalizada y en el mejor momento sus productos. No creo que exista una única solución para esto. Estamos obligados a trabajar en red, unirnos y aportar entre todos”. Cerró su intervención haciendo un llamamiento a los poderes públicos, a que tengan ambición para abordar este tema con altura y diseñando una estrategia global que proteja de verdad a los menores.

La vida se enciende cuando apagas la pantalla

Los primeros nativos digitales han pasado ya su infancia sin muchas de las medidas y advertencias que se recogieron en la jornada. Con casi cuatro horas diarias delante de una pantalla, como certifica nuestro Barómetro Audiovisual de Andalucía,  a nuestros menores les estamos robando su tiempo, su atención y su infancia. Así, la directora de la Agencia Española de Protección de Datos, Mar España, subrayó la obligación que tenemos desde las instituciones públicas de trabajar para proteger a la ciudadanía de este nuevo entorno digital. Nos hizo reflexionar al pronunciar la pregunta retórica ¿hemos llegado tarde?, a la que enseguida ella respondió afirmativamente, pero apostilló que aunque hay daños que se han cometido ya y que son irreversibles, aún estamos a tiempo de tomar medidas. Unas medidas que pueden ser complejas de implementar, pero que nos muestran resultados prontos y eficaces. “Cuando se quita el móvil, aumenta el rendimiento escolar entre los alumnos. Debemos plantearnos qué modelo de sociedad y de persona nos está ofreciendo la digitalización. Estamos destruyendo el sentido esencial de la vida, el disfrutar de ella. Nunca antes habíamos estado tan digitalizados, tan conectados, pero al mismo tiempo tan solos”.

Con todo ello, Francisco Villar, psicólogo clínico del Hospital Sant Joan de Deu, destacó que somos nosotros los adultos los que estamos exponiendo a los menores ante las malas compañías. Nos hiazo ver cómo al regalarle un móvil a un niño de 10 años le estamos tratando como si un niño fuese un adulto bajito, al que se le presupone y exige que sea prudente y capaz de autocontrolar sus impulsos, ante un dispositivo que le somete a una sobreestimulación nunca antes vista. Los ritmos que se ven en las pantallas no se encuentran en la naturaleza y por eso el cerebro sufre ante estos impactos. Esto se incrementa cuando hablamos del cerebro de un niño o un adolescente, que aún está en fase de desarrollo. El doctor Villar, que recibe en su consulta cada vez más casos de adolescentes y jóvenes con ansiedad, depresión y con tendencias suicidas, lanza un reto para la educación de los menores hoy: “enfrentar la vida con valentía, restándole importancia a vivir a contracorriente, sin temor. Defendiendo la vida, sabiendo que vivir conectados no supone estar vinculados”.  Se despide con la siguiente afirmación: “la vida se enciende, cuando apagan la pantalla”. Esa desconexión de las pantallas la defendió con igual contundencia Catherine L’Ecuyer, doctora en Educación y Psicología, quien compartió con los asistentes los resultados de un estudio realizado por la Universidad de Stanford, respecto a la multitarea tecnológica. El estudio demostró “cómo el cerebro sufre al realizar varias tareas al mismo tiempo, mirar la pantalla del ordenador mientras se escucha al profesor en clase o mirar el móvil mientras se mantiene una conversación con la madre. La mente no puede fijar su atención en dos tareas al mismo tiempo. Aumentan los errores, dando paso a la banalidad y superficialidad con la que se abordan los temas. Los que hacen multitarea son enamorados de la irrelevancia, no están en lo que tienen que estar, yendo a remolque de los estímulos intermitentes”. Concluye L’Ecuyer, “no hay ninguna necesidad de que un niño tenga un smartphone, antes de los 18 años”.